Restaurando el Cristianismo original—¡para hoy!
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Diciembre 18, 2025
Queridos hermanos,
Desde el principio, Dios les dio a Adán y Eva libertad de elección—y todos los seres humanos a lo largo de la historia han tenido esa misma libertad para tomar decisiones concernientes a lo correcto e incorrecto. Puede tomar estas decisiones a la manera de Dios al seguir Sus enseñanzas, o puede seguir su propio camino, apoyándose en su propio entendimiento—es decir, tomando del "árbol del conocimiento del bien y del mal".
En esta época del año, el mundo entero celebra la Navidad—por elección propia. Sin embargo, la Navidad es en realidad una celebración que gira en torno a personajes paganos como Baal (o Nimrod), su hijo Tamuz y su esposa Ishtar. No tiene nada que ver con el Jesús de la Biblia, y nunca lo tuvo. Por lo tanto, la Navidad proviene de Satanás, el dios de este mundo (II Corintios 4:4)—quien ha engañado completamente al mundo entero (Apocalipsis 12:9).
El resultado de tal engaño lo describe Isaías: “¡Ay de aquellos que llaman al mal bien y al bien mal; que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de aquellos que son sabios a sus propios ojos, y prudentes a su propia vista!” (Isaías 5:20-21). De hecho, la Navidad es un ejemplo perfecto de este tipo de pensamiento.
En Jeremías 10, Dios condena la práctica de usar “árboles de Navidad” como un componente de adoración. Dice: “Así dice el SEÑOR, “No aprendan el camino de los paganos, y no estén aterrorizados con las señales de los cielos; porque las naciones están aterrorizadas con ellas. Porque las costumbres de la gente son vanas; porque uno corta un árbol del bosque con el hacha, el trabajo de las manos del obrero. Lo adornan con plata y con oro; lo sujetan con puntillas y martillos, para que no se mueva. Son verticales como la palmera, pero no pueden hablar. Ciertamente deben ser cargados porque no pueden caminar. No tengan miedo de ellos; porque no pueden hacer mal ni bien, porque no está en ellos”” (versos 2-5).
Estos ídolos paganos de los árboles se han abierto camino en el “cristianismo”—completamente ¡asombroso!
De nuevo, la Navidad—con todos sus adornos y costumbres—no tiene nada que ver con Cristo. Nunca lo tuvo. Jesús no nació cerca del 25 de diciembre. Los líderes católicos adoptaron prácticas paganas y les pusieron nombres cristianos para aumentar el número de conversos paganos al cristianismo. Ese es el verdadero origen de la “Navidad” y del árbol de Navidad.
En el libro, La rama dorada, Frazer señala lo siguiente: “Una reliquia instructiva de la larga lucha [entre el cristianismo verdadero y el cristianismo oculto (mitraísmo)] se conserva en nuestra festividad de Navidad, que la Iglesia parece haber tomado prestada directamente de su rival pagano. En el calendario juliano, el 25 de diciembre se reconocía el solsticio de invierno y era considerado como la natividad del sol, porque el día comienza a alargarse y el poder del sol a aumentar a partir de ese punto de inflexión del año… Los egipcios incluso representaban al sol recién nacido [con] la imagen de un infante, que en su cumpleaños, el solsticio de invierno, daban a luz y exhibían a sus adoradores [hoy llamado “escena de la natividad”]. Sin duda, la virgen que así concibió y dio a luz un hijo el 25 de diciembre era la gran diosa oriental a quien los semitas llamaban la virgen celestial o simplemente la diosa celestial; en las tierras semíticas era una forma de Astarté [la reina del cielo]. Ahora, Mitra [el infante salvador] era regularmente identificado por sus adoradores con el sol, el sol Invicto, como lo llamaban; por lo tanto, su natividad también caía el 25 de diciembre”.
Un árbol mejor y justo
Veamos otra situación relacionada con un “árbol mejor”. En el Salmo 1, David escribió: “Bendito es el hombre que no camina en el consejo de los malvados, ni se para en el camino de pecadores, ni se sienta en la silla del escarnecedor” (verso 1). En otras palabras, este hombre no toma del “árbol del conocimiento del bien y del mal”—que es el camino de Satanás y siempre termina en destrucción. Más bien, “su deleite está en la ley del SEÑOR; y en Su ley medita día y noche” (verso 2). (Si realmente quiere meditar en las leyes de Dios, estudie el Salmo 119; verá cómo el camino de Dios se basa en la obediencia y el amor, en la verdad y la justicia).
Ahora observe ese árbol mejor: “Y él será como un árbol plantado junto a las corrientes de agua que da a luz su fruto en su temporada, y su hoja no marchitará, y todo lo que hace prosperará” (verso 3). El agua representa al Espíritu Santo de Dios—guiando a esa persona por el verdadero camino de Dios. Pero observe lo que Dios dice de quienes siguen sus propios caminos: “Los malvados no son así, sino son como tamo el cual el viento se lleva. Por tanto, los malvados no se pararán en el juicio, ni pecadores en la congregación de los justos; porque el SEÑOR conoce el camino de los justos, pero el camino de los malvados perecerá” (versos 4-6 ).
Un pasaje similar se encuentra en Jeremías 17: “Bendito es el hombre quien confía en el SEÑOR y cuya esperanza es el SEÑOR. Porque será como un árbol plantado junto a las aguas; echa sus raíces junto al río, y no temerá cuando el calor llegue, sino su follaje será verde; y no se preocupa en el año de sequía ni cesará de dar fruto” (versos 7-8).
Volviendo a Jeremías 10, veamos al Dios verdadero—¡al que la Navidad ignora! “Pero el SEÑOR es el verdadero Dios, Él es el Dios vivo, y el Rey eterno. En Su ira la tierra temblará, y las naciones no serán capaces de soportar Su furia [una referencia profética al regreso de Cristo]. Los dioses [falsos] quienes no han hecho los cielos y la tierra perecerán de la tierra y de debajo de estos cielos. Él ha hecho la tierra por Su poder; Él ha establecido el mundo por Su sabiduría, y ha extendido los cielos por Su juicio” (versos 10-12).
Continuando en los versos 13-15: “Cuando Él pronuncia Su voz, hay un ruido de una multitud de aguas en los cielos. “Él hace ascender los vapores desde los confines de la tierra; Él hace relámpagos con la lluvia, y saca el viento de Sus tesoros.” Todo hombre es estúpido por carencia de conocimiento; todo refinador es avergonzado por la imagen gravada; porque su imagen fundida es una mentira, y no hay aliento en ellas. Ellas son vanidad, la obra de engaño; en el tiempo de su juicio perecerán”.
Ahora note los versos 23-24, una declaración muy profunda: “Oh SEÑOR, conozco que el camino del hombre no está en sí mismo; no está en el hombre que camina dirigir sus pasos. Oh SEÑOR, corrígeme, pero con juicio; no en Tu ira, no sea que me lleves a nada.”
Celebrar la Navidad es un ejemplo perfecto de cómo los hombres hacen lo que les parece bien: “Hay un camino el cual parece recto a un hombre, pero el fin del mismo es el camino de muerte” (Proverbios 14:12). De hecho, este es el problema clave de la humanidad, que se remonta al Edén—elegir el árbol equivocado. “Todos los caminos del hombre son limpios [y justos] a sus propios ojos, pero el SEÑOR pesa los espíritus.” (Proverbios 16:2). Es necesario que la gente reflexione sobre esto: la Navidad, por diseño, se siente bien, por lo que parece buena y correcta. ¡Pero los cristianos nominales no se dan cuenta de que todo esto es parte del engaño de Satanás!
Incluso Job estuvo tan envuelto en sí mismo pensó que era más justo que Dios. Eso es exactamente lo que ha sucedido en el cristianismo del mundo. Creen saber más que Dios. Razonan, ¿Y qué si tomamos prestado del paganismo? Lo hacemos para honrar a Jesús. Pero Dios dice que no aceptará tal adoración (Deuteronomio 12:30). Puede que usen el nombre de Jesús, pero sin saberlo, adoran a un falso Jesús.
Arrepentimiento—como se encuentra en Proverbios
La respuesta a guardar festividades paganas como la Navidad es simplemente arrepentirse—dejar de ir en contra de las enseñanzas de Dios. Él dice en Isaías 55:6: “Busquen al SEÑOR mientras pueda ser encontrado; invóquenlo mientras está cerca”—no en todo el “hacer bien” del mundo, sino en la verdad de la Palabra de Dios. Dios le dice a cada individuo: “El malvado abandone su camino”—todos los caminos que parecen rectos al hombre, todos los caminos que parecen buenos pero que conducen a la adoración falsa—“y el hombre injusto sus pensamientos; y vuelva al SEÑOR, y Él tendrá misericordia de él; y a nuestro Dios, porque Él perdonará abundantemente” (verso 7). En los versos 8-9, añade que nuestros pensamientos y caminos no son como los suyos: “Porque como los cielos son más altos que la tierra, así son Mis caminos más altos que sus caminos, y Mis pensamientos que sus pensamientos”. Es por eso que debemos abandonar nuestros caminos y observar los caminos de Dios.
El libro de Proverbios nos da una guía para el arrepentimiento. “Encomienda tus obras al SEÑOR, y tus pensamientos serán establecidos.” (Proverbios 16:3). Usted se arrepiente, examina sus propios caminos y ve que no funcionan—que necesita la ayuda de Dios.
Observe el versículo 6: “Con misericordia y verdad es limpiada la iniquidad, y por el temor del SEÑOR los hombres se apartan del mal.” En otras palabras, cambia su pensamiento y lo reemplaza con los pensamientos de Dios que se encuentran en la Escritura. Por eso Jesús dijo: “El hombre no vivirá por pan solamente, sino por toda palabra de Dios.”
Vea en Proverbios 2. “Él guarda los caminos de juicio recto y preserva el camino de Sus santos. Entonces entenderás justicia y juicio y equidad, todo buen camino.” (versos 8-9). El cristianismo de este mundo no comprende la verdadera justicia—porque se basa en la obediencia a los mandamientos de Dios; se basa en el amor y en Dios ayudándonos para cambiar y vencer el pecado .
“Sabiduría entrará en tu corazón, y conocimiento será agradable a tu alma; Discreción te preservará y, entendimiento te guardará” (versos 10-11). De nuevo, es como un árbol plantado junto a un río—está bebiendo del Espíritu Santo.
¿Cuál será el resultado? “Para librarte del camino del hombre malvado, del hombre que habla cosas malvadas [y falsas]” (verso 12). Incluso cosas que suenan tan bien. Al engañar a Eva, Satanás sonaba tan bien, tan convincente. Cuando sigue caminos falsos, hace lo que dicen los versos 13-15: “De aquellos quienes dejan los caminos de rectitud para caminar en los caminos de oscuridad quienes se regocijan de hacer el mal y se deleitan en las perversidades del malvado, cuyos caminos son torcidos, y son astutos en sus caminos”.
Pero Dios lo librará de tal engaño y pecaminosidad si ama la verdad y guarda Sus mandamientos.
Ahora note los versos 20 y 21: “Para que puedas caminar en el camino del bien y guardar los caminos del justo. Porque el recto vivirá en la tierra, y el perfecto permanecerá en ella.” Los perfectos son aquellos que tienen una relación correcta con Dios y están creciendo. Por otro lado, “Pero el malvado será cortado de la tierra, y los transgresores serán desarraigados de ella” (verso 22).
Entonces, ¿cómo podemos pensar con claridad? “Hijo mío, no olvides mi ley, sino tu corazón guarde mis mandamientos” (Proverbios 3:1). Por eso el Salmo 119 enfatiza la importancia de concentrarse y meditar en la ley de Dios. Porque ellos—es decir, los caminos de Dios y la observancia de Sus enseñanzas—“añadirán longitud de días, y larga vida, y paz” (verso 2). Y eso, en última instancia, incluye la vida eterna.
“No dejes que la misericordia y verdad te abandonen; átalas alrededor de tu cuello; escríbelas sobre la tableta de tu corazón” (verso 3). Esto se relaciona con tener las leyes de Dios escritas en nuestros corazones y grabadas en nuestras mentes, como vemos en Hebreos 10: 15-16.
Si nos enfocamos en vivir según estos tres primeros versos de Proverbios 3, hallaremos “favor y buen entendimiento a la vista de Dios y del hombre” (verso 4). La clave se encuentra en el verso 5: “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón”—no se deje engañar por lo que se ve y se siente bien, como la Navidad: “...y no te apoyes en tu propio entendimiento.” Verso 6: “En todos tus caminos reconócelo, y Él dirigirá tus caminos.” Quiere que Dios lo bendiga, lo guíe y ayude en tiempos difíciles—y Él quiere hacerlo.
Mateo 7—un “buen árbol” produce buenos frutos
Siguiendo con el tema del "árbol", si un buen árbol (un verdadero cristiano) es plantado junto a "ríos de agua viva"—guiado y fortalecido por el Espíritu de Dios, entonces esa persona crecerá en gracia, conocimiento y entendimiento. Desarrollará la mente de Cristo—que es el propósito central de la conversión. Y producirá buen fruto—y será reconocido por su fruto: "Los conocerán por sus frutos" (Mateo 7:16). Será bastante evidente, porque “Ellos no reúnen uvas de espinos, o higos de cardos, ¿o sí?”
Pero un árbol corrupto produce malos frutos. Tal como lo demuestra la Fiesta de Panes sin Levadura, un poco de levadura leuda toda la masa. En otras palabras, una vez que el pecado entra y no se arrepiente ni se deshace de él, crecerá. Y eso conducirá a más y más pecado, hasta que esa persona se vuelva completamente malvada.
En efecto, todo buen árbol produce buen fruto, gracias al Espíritu de Dios y a nuestro deseo de amarlo y obedecer Sus mandamientos. En verdad, un buen árbol no puede producir mal fruto, ni un árbol malo producir buen fruto (versos 17-18).
Finalmente, todo árbol que no produce buen fruto es cortado y arrojado al fuego (verso 19). Los maestros y pastores “cristianos” de hoy—aquellos que promueven festividades paganas como la Navidad, un día tendrán que responder por sus falsas enseñanzas. Aquí en Mateo 7, Jesús les advierte: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino del cielo; sino aquel que está haciendo la voluntad de Mi Padre, Quien está en el cielo” (verso 21). Pero ignoran la voluntad de Dios porque no toman en serio las Escrituras. A pesar de su reclamo de “buenas obras” hechas en el nombre de Jesús, Él finalmente declarará que nunca fueron verdaderos siervos, que nunca los conoció (versos 22-23). Jesús entonces nos amonesta a no solo escuchar Sus palabras, sino a practicarlas. Esto, dice Él, es verdadera sabiduría (verso 24).
Relacionada con la idea de un “árbol justo” que prospera gracias a “aguas vivas”, está la idea de ser como un árbol de vida—es decir, una bendición para los demás. La frase “árbol de vida” aparece varias veces en el libro de Proverbios, generalmente refiriéndose a las bendiciones y la felicidad que provienen de una vida de obediencia a Dios. Se dice que la sabiduría y el entendimiento son “...un árbol de vida para aquellos quienes echan mano de ella; y feliz es quien la retiene” (Proverbios 3:18). El conocimiento y la corrección de Dios, la sana sabiduría y la discreción—todos deben ser altamente apreciadas en nuestras vidas (versos 21-23).
Proverbios 11:30 dice: “El fruto del justo es un árbol de vida”—lo que indica nuevamente las bendiciones que acompañan a la justicia. Y, además, “Esperanza diferida enferma al corazón, pero cuando el deseo es cumplido es un árbol de vida” (Proverbios 13:12). Esto significa que encontramos el favor de Dios, y Él nos da vida y nos cuida.
Por último, “Una lengua sana es un árbol de vida”—en donde uno usa la sabiduría en su habla para ser de bendición a los demás—“pero perversidad en ella aplasta el espíritu” (Proverbios 15:4).
Cómo ser un “buen árbol”: compañerismo genuino con Dios
En su primera epístola, el apóstol Juan enfatiza la necesidad de permanecer cerca de Dios y hacer lo bueno y lo recto. Quiere que sepamos que por medio de Cristo tenemos amor, compañerismo y perdón de pecados. Dios desea tener una relación especial con todos los que van a Él. Y cuando vamos a Él, debemos aprender a amarlo con todo nuestro corazón, mente, alma y ser. Entonces, el Espíritu de Dios estará con nosotros, nos guiará y nos ayudará a cambiar, crecer y vencer—deshacernos del pecado interior.
Juan se centra en nuestro compañerismo con Dios: “Eso que hemos visto y hemos oído estamos reportándoles para que también puedan tener compañerismo con nosotros; porque el compañerismo—ciertamente, nuestro compañerismo—está con el Padre y con Su propio Hijo, Jesucristo” (I Juan 1:3). Ese compañerismo se basa en la oración íntima, el estudio de las Escrituras y la meditación en la voluntad de Dios. Palabra. Este compañerismo es “para que [nuestro] gozo pueda ser completamente lleno” (verso 4).
Juan continúa ayudándonos a comprender la peligrosa realidad del pecado: “Si proclamamos que tenemos compañerismo con Él, pero estamos caminando en la oscuridad [pecaminosidad, la forma de vida de Satanás], estamos mintiéndonos a nosotros mismos, y no estamos practicando la Verdad. Sin embargo, si caminamos en la luz [la verdad, en contraposición a vivir según el “árbol del conocimiento del bien y del mal”], como Él está en la luz, entonces tenemos compañerismo unos con otros, y la sangre de Jesucristo, Su propio Hijo, nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, estamos engañándonos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros propios pecados, Él es fiel y justo, para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él un mentiroso, y Su Palabra no está en nosotros” (versos 6-10).
El verdadero cristianismo se trata de crecer, cambiar y vencer—deshacerse del pecado interior. Y eso solo se puede lograr con la ayuda del Espíritu de Dios y—como dijo Jesús, viviendo conforme a cada palabra de Dios. Aun así, a veces pecamos—pero si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.
Juan continúa en el capítulo 2: “Hijitos míos, les estoy escribiendo estas cosas para que no puedan pecar.” (verso 1). ¿Cómo evitamos el pecado? Creyendo en Dios, siguiendo Sus mandamientos, confiando en Él—y no en nuestros propios pensamientos ni en nuestros propios caminos. Como adoptar la Navidad, cuando es claramente contraria a la Palabra de Dios. Continúa: “Y aun así, si alguno peca, tenemos un Abogado con el Padre, Jesucristo el Justo; y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por nuestros pecados, sino también por los pecados del mundo entero” (versos 1-2).
En los versos 3-5, Juan nos da la “prueba de fuego” para saber si realmente seguimos a Jesús—si realmente lo conocemos: “Y por este estándar sabemos que lo conocemos: si guardamos Sus mandamientos. Aquel que dice, “lo conozco,” y no guarda Sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Por otro lado, si cualquiera está guardando Su Palabra, verdaderamente en aquel el amor de Dios está siendo perfeccionado [el proceso continuo de conversión]. Por este medio sabemos que estamos en Él [en una relación íntima con Él].”
Es así de simple. Si realmente "conoce" a Jesús—y a los protestantes les encanta decir: "¿Conoce a Jesús?"—estarás guardando Sus mandamientos y enseñanzas, y siguiendo Su ejemplo en todo. Sin embargo, los protestantes dicen que la Ley está obsoleta, abolida. ¡Así que nunca podrán conocer realmente a Jesús! ¡Nunca podrán pasar la prueba de fuego! Y celebrar la Navidad —la festividad más importante del mundo "cristiano"—es un ejemplo perfecto. Todo lo relacionado con la Navidad es mentira—no hay verdad en ella. ¡Quienes celebran la Navidad no son de la verdad y la verdad no está en ellos!
De hecho, como dice el verso 6, estamos obligados a “caminar incluso como Él mismo caminó”. Esa es la clave de nuestra relación con Dios—la clave para convertirnos en un “buen árbol” plantado junto a aguas vivas .
Las “aguas vivas” del Apocalipsis
En cuanto al verdadero cristiano, vimos en el Salmo 1 que “...su deleite está en la ley del SEÑOR; y en Su ley medita día y noche” (verso 2). De hecho, él o ella es “...como un árbol plantado junto a las corrientes de agua que da a luz su fruto en su temporada” (verso 3). El agua representa al Espíritu Santo de Dios —es “agua viva”— que produce mucho fruto espiritual.
La Biblia está llena de paralelismos. Desde la idea de los Salmos de ser “un árbol plantado junto a las corrientes de agua”, puede encontrar imágenes similares en el libro de Apocalipsis. Por ejemplo, en Apocalipsis 21 leemos: “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra estaban desaparecidas, y no había más mar. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, bajando de Dios desde el cielo, preparada como una novia adornada para su esposo. Y escuché una gran voz desde el cielo decir, “He aquí, el tabernáculo de Dios es con los hombres; y Él vivirá con ellos, y ellos serán Su pueblo; y Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Y Dios borrará toda lágrima de sus ojos; y no habrá más muerte, o pena, o llanto, ni habrá más dolor, porque las cosas anteriores han desaparecido.” Y Quien se sienta sobre el trono dijo, “He aquí, Yo hago todas las cosas nuevas.” Entonces Él me dijo, “Escribe porque estas palabras son verdaderas y fieles”” (versos 1-5).
El verso 6 es clave: “Y me dijo, “Está hecho. Yo soy Alfa y Omega, el Principio y el Fin. Al sediento, Yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida.” Al igual que las “corrientes de agua” del Salmo 1, estas aguas vivas también producen mucho fruto—para vida eterna. De hecho, “Aquel que venza heredará todas las cosas; y Yo seré su Dios, y él será Mi hijo” (verso 7).
En el capítulo 22 leemos: “Después me mostró un río puro de agua de vida, claro como cristal, fluyendo del trono de Dios y del Cordero. Y en medio de la calle, y de este lado y ese lado del río, estaba el árbol de vida,…” (versos 1-2).
Así que aquí tenemos el árbol de justicia, en contraposición al “árbol del conocimiento del bien y del mal” y al «árbol de Navidad» satánico. El árbol de vida está vinculado al agua de vida—todo ello como resultado de la gracia de Dios al ser guiados y fortalecidos por el Espíritu Santo. Y, en última instancia, este “árbol” produce el fruto de la vida eterna.
“Y he aquí, Yo vengo prontamente; y Mi recompensa está Conmigo, para hacer a cada uno de acuerdo a como será su obra. Yo soy Alfa y Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último. Benditos son aquellos que guardan Sus mandamientos, para poder tener el derecho a comer del árbol de vida, y poder entrar por las puertas a la ciudad” (Apocalipsis 22:12-14).
Así que, hermanos, esforcémonos por convertirnos en un buen árbol, un árbol fructífero—que crece y prospera. porque estamos “plantados junto a ríos de agua viva”.
De hecho, debemos esforzarnos por acercarnos a Dios en oración sincera y en el estudio diario de su Palabra—para que podamos crecer en gracia y conocimiento, y siempre vencer. Agradecemos a Dios Padre y a Jesucristo diariamente por la bondad y la misericordia mostradas a todo el pueblo de Dios. Les agradecemos su continuo amor y fidelidad a Dios y a los demás. Les agradecemos sus oraciones por nosotros y por todos los hermanos, y por su fidelidad en diezmos y ofrendas. Oramos para que Dios los bendiga y los cuide en todo. Seguimos orando por ustedes, por su salud y su sanación. Que el amor y la gracia de Dios sigan estando con ustedes.
Con amor en Cristo Jesús,
Fred R. Coulter
FRC